11/6/09

Desde que estás puedo sentir algo especial.
No sé qué es, dentro de mí me hace feliz,
me hace reír.
Tú me dices, yo te digo, y así empieza nuestra guerra cotidiana. Yo me armo de adjetivos, tú conjugas el peor de mis pasados. Y te apunto donde duele y te acuerdo el peor de tus pecados, tú reviras la ofensiva y disparas donde sabes que haces daño.
Y en el campo de batalla quedan muertos los minutos que perdemos, tú me dices, yo te digo, y así acaba nuestra guerra cotidiana, esta guerra sin cuartel que nadie gana.
Por qué hablamos y no usamos ese tiempo en darnos besos, en pintarnos con las manos las caricias que queremos, y que no nos damos porque siempre hablamos de lo tuyo y de lo mío, del pasado y los culpables, mientras muere otro minuto porque hablamos.
Ya te dije que no es cierto, ya dijiste que tú no eres lo que digo, nadie cree, nadie acepta, cada quien defiende su utopía, y el fantasma de la duda se abre paso en la frontera del futuro, y el presente moribundo se consuela con lo poco que nos queda.
Y te quiero, y me quieres, pero somos más idiotas que sensatos y aparece otro día, y nos van quedando llagas incurables de esta maldita enfermedad de hablar de más.
Días que me siento bien, días que me siento mal. ¿Qué voy a hacer? No mires atrás.
Noches te quiero comer, otras te quiero matar. Me conocés, otro perro más.
Yo, que te amo y te echo de menos. Yo, que te digo una vez más. Yo, que conozco el sendero más allá del bien y el mal. Yo te espero, como siempre que te espero. Yo me muero, por comerte poco a poco. Yo me quedo, deambulando como un loco en la ciudad.
Días en que estoy feliz, otros de extrema soldedad.
Yo te espero, como siempre que te espero. Yo me quedo, deambulando como un loco en la ciudad.
Me has hecho sentir amor,
me has hecho sentir dolor